Campeonato de Europa

Historia de la Eurocopa || Francia 1960 || España 1964 || Italia 1968 || Bélgica 1972 || Yugoslavia 1976 || Italia 1980 || Francia 1984 || RFA 1988 || Suecia 1992 || Inglaterra 1996 || Bélgica-Holanda 2000 || Portugal 2004 || Austria-Suiza 2008

 

HISTORIA DE LA EUROCOPA

El Campeonato de Europa de Naciones (más conocido como Eurocopa) es, al igual que la Copa del Mundo y la Copa de Europa de Clubes, una creación francesa. Si bien estas últimas se debieron a dos periodistas galos (Jules Rimet y Gabriel Hanot, respectivamente), la Eurocopa fue concebida por Henri Delaunay, secretario general de la Federación Francesa de Fútbol, allá por 1927, con el propósito de crear en Europa una competición parecida a la Copa América, que ya estaba triunfando en el Nuevo Continente. Sin embargo, tuvieron que transcurrir treinta años para que su proyecto se concretara y ganara adeptos entre las principales potencias futbolísticas europeas. Pierre Delaunay, hijo de Henri Delaunay, continuó la labor de su padre y junto con los presidentes de las federaciones húngara (Sebes), austriaca (Frey), griega (Konstadaras) y española (Pujol) formó una comisión que el 27 de febrero de 1957, en Colonia, presentó a la UEFA su primer proyecto sobre esta competición. Pese a la ausencia inicial de países como Alemania, Inglaterra, Italia, Escocia, Suecia, Holanda y Bélgica, la Copa de las Naciones (como fue denominado el torneo) consigue su aprobación oficial en el Congreso de la UEFA celebrado en Estocolmo en junio de 1958, y ese mismo año comienza a disputarse la primera edición, con tan sólo 17 países.

En sus primeras ediciones de 1960 y 1964, la Copa de las Naciones carece de verdadera notoriedad. Tras una serie de eliminatorias a doble partido entre las selecciones participantes —de forma análoga a la Copa de Europa de Clubes—, la competición desemboca en una fase final que reúne en un mismo país a los cuatro semifinalistas. Los partidos de semifinales, consolación y final se disputan en menos de una semana y sin una verdadera repercusión internacional.

A partir de su tercera edición (1968), la Copa de las Naciones varía su formato competitivo y pasa a denominarse Campeonato de Europa de Naciones (su nombre actual). Pese a que se conserva la fórmula de fase final en un país organizador, se suprimen las rondas eliminatorias anteriores y se establece en su lugar una fase de clasificación en la que los países se dividen en grupos que disputan una liguilla. El campeón de cada grupo accede a una eliminatoria de cuartos de final, y los vencedores disputan la fase final. Pese a que el torneo se vuelve cada vez más popular en Europa, aún eran necesarias algunas modificaciones para captar el interés de los aficionados.

Tuvo que ser el italiano Artemio Franchi, presidente de la UEFA, quien sugiriera la idea de elevar el número de participantes en la fase final a ocho. Esta tercera fórmula de la Eurocopa comienza a aplicarse a partir de la edición de 1980, cuya fase final se celebra precisamente en Italia. En este caso, los campeones de cada uno de los grupos de la fase de clasificación más el país organizador (clasificado de oficio) disputan la fase final divididos en dos grupos de cuatro equipos. En la Eurocopa de Italia 1980 —que tanto por juego como por seguimiento resultó decepcionante— los campeones de cada grupo accedieron a la gran final. A partir de la siguiente edición (Francia 1984), la fase final se modifica nuevamente para lograr una mayor emoción, haciendo que los dos primeros de cada grupo se enfrenten de forma cruzada en semifinales.

A partir de la edición de 1996, con la creación de nuevas federaciones europeas, aumenta de nuevo el mapa competitivo y la fase final se amplía a dieciséis equipos divididos en cuatro grupos, cuyos campeones y subcampeones se enfrentan posteriormente en un cruce de cuartos de final. Además, se establece la novedad del "Gol de Oro" en la final, que otorga la victoria al primer equipo que logra marcar en la prórroga, sin necesidad de disputar el tiempo restante. La edición del año 2000 trajo como principal novedad la organización conjunta de la Eurocopa por parte de dos países, Bélgica y Holanda, hecho que se repitió en 2008 (año en el que los organizadores fueron Austria y Suiza) y 2012 (Polonia y Ucrania).

Desde la primera edición de 1960 hasta la actualidad, Alemania ha sido el país que más títulos ha obtenido, con un total de tres (dos de ellos cuando el país se denominaba República Federal de Alemania).

 

FRANCIA 1960

Ante la ausencia de las grandes potencias europeas en la primera edición de la Copa de las Naciones, tuvieron que ser dos países de la Europa del Este, URSS y Yugoslavia, quienes disputaran la gran final. Ganaron los soviéticos al imponerse 2-1 a los balcánicos tras una prórroga, gracias sobre todo a la fenomenal actuación de su guardameta Lev Yashin, conocido como "la araña negra". El portero ruso, famoso por vestir siempre de negro y llevar una gorra sobre la cabeza, entusiasmó al escaso público asistente a la final en el Parque de los Príncipes parisino. Yashin alternó soberbias paradas con salidas limpias fuera de su portería (algo muy infrecuente en los porteros de la época) y pases precisos tanto con los pies como con las manos. No obstante, los yugoslavos consiguieron adelantarse poco antes del descanso por mediación de Milan Galić. Apenas iniciado el segundo tiempo Slava Metreveli igualó el marcador, y con el resultado de 1-1 se llegó al final de los noventa minutos reglamentarios. Ya en la prórroga, el potente delantero centro Viktor Ponedel'nik lograba de cabeza el tanto decisivo que otorgaba la victoria a la URSS. Fue el triunfo del fútbol sólido y efectivo sobre la brillantez y el espectáculo, en una edición de la Eurocopa que resultó mediocre, tanto a nivel deportivo como popular.

 

ESPAÑA 1964

En la segunda edición de la Copa de las Naciones el interés aumentó ligeramente, con 29 selecciones nacionales inscritas. Los cuatro semifinalistas tras disputarse las rondas de clasificación (URSS, España, Hungría y Dinamarca) se concentraron en España para disputar las semifinales. En la primera de ellas, celebrada en Madrid, los anfitriones eliminaron a un equipo húngaro liderado por Flórián Albert, aunque fue necesaria una prórroga y un gol salvador del extremo Amancio a falta de cinco minutos para la conclusión. En la otra semifinal, disputada a continuación en Barcelona, la URSS se deshizo con facilidad de Dinamarca (3-0).

Como una especie de burla del destino, la final del Santiago Bernabéu enfrentó, con un lleno a rebosar y bajó la atenta mirada del Generalísimo Franco, a España y la URSS, después de que en la primera edición de 1960 ambas selecciones no pudieran disputar su eliminatoria de clasificación por problemas políticos: precisamente por la negativa de Franco a que la selección española pisara suelo ruso, por la falta de relaciones diplomáticas entre el Régimen español y los países comunistas. ¿Qué hubiera ocurrido si la URSS llega a conquistar el título y Franco se ve en la tesitura de tener que entregar la copa de campeones al equipo soviético? En cualquier caso, esta posibilidad no llegó a producirse porque los anfitriones se impusieron en la final.

El encuentro se inició de forma espectacular bajo una intensa lluvia. Pereda adelantó a España a poco de comenzar el partido, aunque Khusainov empató apenas dos minutos más tarde. Pese al mayor dominio español, la URSS tuvo también sus oportunidades de alzarse con la victoria, aunque hubo que esperar al minuto 84 para que España inclinara la balanza a su favor, gracias a un gol de Marcelino al cabecear en plancha un centro de Pereda (no de Amancio, como se aprecia en las imágenes de televisión, que fueron montadas posteriormente de forma incorrecta por el No-Do, juntando un centro desde la banda derecha de Amancio con el remate de Marcelino). Victoria apurada aunque justa de la selección dirigida por José Villalonga, en la que destacaba sobre todo Luis Suárez. España inscribía así su nombre en el palmarés de esta competición y comenzaba a hacerse un hueco entre las grandes selecciones europeas y mundiales, con la esperanza de conquistar más campeonatos en el futuro. Pero el tiempo no vino a confirmar estas expectativas, y hasta la fecha (2008) la Eurocopa de 1964 continuó siendo el único título en la historia del fútbol español a nivel internacional (dejando aparte el oro olímpico de 1992).

 

ITALIA 1968

En la tercera edición de la Eurocopa el número de participantes se incrementó hasta 31, y tanto por el alto índice de participación como por el cambio de formato competitivo puede considerarse el primer Campeonato de Europa verdaderamente "moderno". Siguiendo el modelo de la Copa del Mundo, las selecciones se dividieron en ocho grupos, en los que únicamente el campeón se clasificó para la siguiente fase. Lo más destacable fue la eliminación de la RFA, que quedó por detrás de Yugoslavia en un grupo con apenas tres participantes (el tercero era Albania). Tras una ronda clasificatoria de cuartos de final, cuatro selecciones obtuvieron el pasaporte para la fase final de Italia: los anfitriones, la sempiterna URSS, Yugoslavia (en la que destacaban Osim y Džajić) e Inglaterra (el equipo de Bobby Charlton, quien acababa de conquistar la Copa de Europa de Clubes con el Manchester United).

En la primera semifinal, disputada en Nápoles, Italia recibió la ayuda de San Paolo para clasificarse. Tras el 0-0 inicial al final de los noventa minutos reglamentarios y la consiguiente prórroga, fue necesario recurrir al lanzamiento de una moneda para decidir el vencedor del partido. El sorteo se celebró en los vestuarios, y el capitán azzurro Giacinto Facchetti fue el encargado de anunciar la buena nueva a un público que esperaba en silencio y con angustia el resultado. En la segunda semifinal, disputada en Florencia, la actual campeona del mundo, Inglaterra, fue eliminada por un magnífico equipo yugoslavo gracias a un gol de Dragan Džajić a escasos minutos para la conclusión del partido. Pese a su clasificación para la final, Yugoslavia perdió por lesión a su gran organizador de juego, Ivica Osim, víctima del fuerte marcaje de la defensa inglesa.

En la final, celebrada en el Estadio Olímpico de Roma, Italia llevó el mayor peso del partido ante una selección yugoslava que controló a los transalpinos en defensa. Sin embargo, Džajić adelantó a Yugoslavia antes del descanso, y durante la segunda mitad los visitantes gozaron de claras ocasiones para haber sentenciado la final, que no cristalizaron por la buena actuación del joven guardameta Dino Zoff o por mala suerte. A diez minutos de la conclusión, Domenghini logró el empate mediante un libre directo en una jugada polémica, ya que el lanzamiento se produjo mientras el árbitro medía la distancia de la barrera. La prórroga no vino a resolver nada, por lo que fue necesario disputar un partido de desempate dos días más tarde (aún no existían las tandas de penalti). En esta nueva final la suerte sonrió a Italia, cuyos jugadores se hallaban más frescos físicamente. Riva y Anastasi marcaron en la primera media hora de partido y el juego-control de los transalpinos se encargó de contener a los yugoslavos hasta el final del encuentro. Con una buena dosis de suerte, pero también con el talento innegable de Mazzola, Riva y compañía, Italia conquistaba su primera Eurocopa.

 

BÉLGICA 1972

El campeón de esta edición, la RFA, conquistó el título gracias a un juego brillante, sólido y fundamentalmente efectivo que no dio opciones a sus rivales. Bien organizada alrededor de sus tres estrellas —Franz Beckenbauer en defensa, Günther Netzer en el centro del campo y Gerd "Torpedo" Müller en el ataque—, los alemanes comenzaron a labrarse una leyenda de selección rocosa e invencible que culminaría dos años más tarde con la conquista del Mundial celebrado en su propio país. Como diría el delantero inglés Gary Lineker años más tarde "el fútbol es un deporte en el que juegan 11 y siempre ganan los alemanes".

Ya en cuartos de final, la RFA había dejado en la cuneta a la potente Inglaterra, a la que derrotó 1-3 en el partido de ida en su "santuario" de Wembley. Los otros tres clasificados para la fase final de Bélgica fueron el propio país organizador (que tuvo que ganarse su plaza, ¡y de qué forma!, eliminando a los actuales campeones del torneo, Italia), Hungría y la sempiterna URSS.

Las semifinales, que se celebran de forma simultánea en Amberes y Bruselas, contemplan la clasificación de la RFA (que elimina a los anfitriones gracias a dos goles de Gerd Müller) y la URSS (con un penalti decisivo detenido por Rudakov a pocos minutos del final). La final, disputada en el estadio Heysel de Bruselas (actualmente llamado Rey Balduino), confirma la supremacía de la selección alemana, que gracias al juego organizador de Netzer y dos nuevos goles de "Torpedo" Müller se alza con una clara victoria por 3-0.

 

YUGOSLAVIA 1976

La quinta edición de la Eurocopa es la última en la que la fase final la disputan únicamente cuatro equipos. En Yugoslavia, primer país de la Europa del Este que organiza esta competición, es precisamente una selección del otro lado del "Telón de Acero", Checoslovaquia, la que consigue sorprender a todos sus rivales y alzarse con el título. Ya en la fase de clasificación quedó por delante de Inglaterra en su grupo, y en cuartos de final se clasificó al eliminar a la URSS. Pero no quedó ahí la gesta de los checoslovacos, ya que en semifinales, en un partido con prórroga y tres expulsiones, derrotaron a la Holanda de los Cruijff, Rep, Neeskens y Rensenbrink, y ya en la final se impusieron a la todopoderosa RFA en la tanda de penaltis.

La fase final de la Eurocopa de Yugoslavia se caracterizó por la igualdad: los cuatro partidos (las dos semifinales, la consolación y la final) se decidieron tras una prórroga al final del tiempo reglamentario. En la primera semifinal, Checoslovaquia se impuso contra pronóstico a Holanda, la "naranja mecánica" liderada por Johan Cruijff. En esta ocasión, el genial jugador del FC Barcelona se vio anulado por el marcaje de la defensa checoslovaca, y su aportación al juego de Holanda fue más bien escasa. En la segunda semifinal, a la selección anfitriona le correspondió enfrentarse a los vigentes campeones de Europa y del mundo, la RFA. Yugoslavia, integrada por jugadores "mercenarios" que jugaban repartidos por varios países de Europa, comenzó el partido a todo gas, y en apenas media hora ya había conseguido adelantarse con goles de Popivoda y Džajic. Pese a la ausencia en la selección de Gerd "Torpedo" Müller, fue otro Müller, Dieter (delantero del Colonia), el que resultó decisivo para decantar el encuentro a favor de los alemanes, primero logrando el tanto que forzaba la prórroga apenas tres minutos después de entrar en el campo, y luego marcando dos nuevos goles en el periodo extra que certificaban el pase a la final de la RFA.

En la final, Checoslovaquia llegó a ponerse con ventaja de dos goles en apenas veinticinco minutos, aunque la mayor experiencia de los alemanes les llevó a igualar el partido (gracias a un gol de Hölzenbein en el último minuto). La prórroga no sirvió para deshacer el empate, por lo que fueron necesarios los lanzamientos desde el punto de penalti, una novedad en el torneo. En esta serie decisiva la suerte sonrió a los checoslovacos, que se aprovecharon del fallo en el lanzamiento de Uli Hoeneß para alzarse con el título gracias a un último penalti de Panenka que transformó (claro está) "a lo Panenka": flojo, por el centro y a media altura, engañando por completo a Maier, que se había tirado hacia un lado.

 

ITALIA 1980

A partir de esta edición, la fase final reunirá en un mismo país a ocho selecciones divididas en dos grupos de cuatro. Se trata de una medida de urgencia ideada por la UEFA para incrementar el interés deportivo (y también económico) de la competición. La otra gran novedad consiste en la ausencia de la selección organizadora (en este caso Italia) en la fase de clasificación, ya que su plaza en la fase final está asegurada de oficio. El experimento no resultó como se esperaba, ya que al bajo nivel deportivo de los encuentros se unió el fiasco económico: en las sedes de Roma, Nápoles, Milán y Turín apenas se sobrepasó una cuarta parte del aforo, con las excepción de los partidos en los que intervenía Italia.

Tras el fracaso de la edición anterior, una renovada selección de la RFA consigue reconquistar su título de campeón al derrotar en la final a Bélgica, la gran sorpresa del campeonato. La selección dirigida por Jupp Derwall, integrada por jugadores de la talla de Karl-Heinz Rummenigge, Bernd Schuster, Hans-Peter Briegel, Uli Stielike y Horst Hrubesch, no pasa excesivos apuros para terminar primera de su grupo y clasificarse para la final. Por su parte Bélgica, entrenada por Guy Thys, consigue quedar por delante de selecciones teóricamente más poderosas como Italia, Inglaterra y España, tras un último y angustioso partido en el que logra empatar con los anfitriones. La final, celebrada en el Estadio Olímpico de Roma, resultó un choque equilibrado que se decidió gracias a dos goles del potente delantero del Hamburgo Horst Hrubesch.

 

FRANCIA 1984

Dos años después de su memorable semifinal en el Mundial 82 de España, perdida frente a la RFA en la tanda de penaltis (3-3 al final del tiempo reglamentario y 5-4 en las penas máximas), Francia se propone un doble objetivo como anfitriona de la Eurocopa 84: demostrar al mundo que es capaz de organizar una gran competición deportiva y confirmar que su equipo pertenece a la élite del fútbol europeo. Para ello, Les Bleus contaban con un genio como Michel Platini en la cima de su carrera y un grupo de jugadores de gran talento entre los que destacaban Tigana, Giresse y Luis Fernández.

La fase de clasificación sirvió para dejar fuera a equipos de la talla de Italia (actual campeona del mundo), URSS e Inglaterra. Entre los ocho clasificados para la fase final, Francia y RFA eran los claros favoritos para acabar por delante en sus respectivos grupos. Por otro lado, para relanzar el interés de la competición, se amplió el número de sedes a siete ciudades y se estableció que los campeones y los subcampeones de cada grupo se enfrentaran en semifinales cruzadas.

La gran sorpresa de la fase final fue la eliminación de la RFA a manos de España, gracias a un memorable gol de Maceda en el último minuto del partido. Francia, por su parte, no tuvo grandes problemas para clasificarse primera de su grupo gracias a un pletórico Platini, autor de dos tripletes (hat-tricks) frente a Bélgica (5-0) y Yugoslavia (3-2). Tras unas emocionantes semifinales, Francia y España se clasificaron para la final. El partido resultó igualado, aunque para los aficionados españoles será recordado por el parcial arbitraje del árbitro checo Christov (mucho se habló de él tras la final) y el lamentable error de Arconada en el primer gol francés: al portero español se le escapó el balón por debajo del brazo en el lanzamiento de un libre directo por parte de Platini.

 

RFA 1988

Con dos títulos a sus espaldas, la República Federal de Alemania se presentaba como el anfitrión de la fase final de la Eurocopa 88, que se presumía como un torneo de altísimo nivel gracias a la presencia de selecciones como la propia RFA, URSS, Holanda, Inglaterra, Italia o España. Francia, el vigente campeón de la competición, no logró superar la fase clasificatoria y fue el gran ausente del torneo.

Desde el punto de vista extradeportivo, la Eurocopa de Alemania estuvo marcada por los violentos enfrentamientos entre los hooligans ingleses y los aficionados alemanes, que fueron especialmente graves en Düsseldorf. Ya en el plano deportivo, la RFA (finalista en el Mundial 86) e Italia obtuvieron sin problemas su pase para las semifinales en el grupo I, mientras que en el grupo II la URSS de Valerij Lobanovskij se clasificó por delante de Holanda.

Las semifinales ofrecieron dos magníficos partidos que salvaron un torneo caracterizado por la mediocridad general. En Hamburgo, los Oranje de Rinus Michels, conducidos por el fenomenal dúo Gullit-Van Basten, se impusieron a la selección anfitriona, un equipo aún en construcción bajo las órdenes de Franz Beckenbauer. En la otra semifinal (sin duda el mejor partido del campeonato) la URSS se mostró como un equipo arrollador que pasó por encima de una impotente Italia.

La final que enfrentaba a Holanda y la URSS se presentaba como una revancha del partido de la primera fase en el que los soviéticos se impusieron a los holandeses. Ruud Gullit abrió el marcador tras la primera media hora de juego, aunque el partido sin duda será recordado por el fantástico gol de Marco van Basten en la segunda mitad, conseguido mediante una impresionante volea desde un ángulo inverosímil. De esta manera, el delantero holandés del Milan rubricaba un magnífico campeonato, en el que se proclamó pichichi con cinco goles. Holanda se convertía en la nueva campeona de Europa en el mismo estadio en el que 14 años antes había perdido la final del Mundial frente a la RFA.

 

SUECIA 1992

El campeón de esta edición, Dinamarca, no ya es que fuera una sorpresa... sino que ni tan siquiera se había clasificado para la fase final, ya que quedó por detrás de Yugoslavia en su grupo dentro de la fase previa. Pero antes de iniciarse la fase final del torneo en Suecia, el equipo balcánico fue descalificado por una sanción de Naciones Unidas que pesaba sobre Yugoslavia a consecuencia de la Guerra de los Balcanes, y la UEFA tuvo que enviar una invitación de urgencia a Dinamarca, cuyos jugadores ya se encontraban de vacaciones. De esta forma, apenas diez días antes del comienzo del torneo en tierras suecas, el seleccionador danés, Richard Møller Nielsen, tuvo que convocar de nuevo a sus jugadores.

En el grupo I puede hablarse de gran sorpresa, ya que tanto los anfitriones, Suecia, como Dinamarca dejaron fuera a selecciones de la talla de Francia e Inglaterra. El grupo II no deparó sorpresas, y los dos favoritos, Holanda y Alemania, se clasificaron sin demasiados problemas. En semifinales, Dinamarca continuó impresionado al eliminar en la tanda de penaltis a la gran favorita, Holanda, mientras que Alemania derrotaba con más apuros de los previstos a la voluntariosa selección sueca.

En la final, Dinamarca, que se presentaba sin ningún tipo de presión, dio la gran sorpresa al derrotar a Alemania con más facilidad de la esperada. El "pequeño duende" danés, un equipo formado por "mercenarios" como Schmeichel (Manchester United), Sivebæk (Mónaco), Lars Olsen (Trabzonspor), Povlsen (Borussia Dortmund) y Brian Laudrup (Bayern Múnich), desarrolló un juego caracterizado por la espontaneidad, la simpleza y el entusiasmo, frente a una selección alemana a la que le pudo la presión de saberse favorita. De esta forma, Dinamarca tiraba por tierra una serie de ideas preconcebidas dentro del fútbol, como la de que es necesaria una buena preparación antes de la disputa de un torneo importante (algo de lo que más de un “iluminado” entrenador nacional siempre se ha quejado amargamente).

 

INGLATERRA 1996

Para revitalizar la competición, la UEFA decidió introducir nuevas modificaciones a partir de la Eurocopa 96. La fase final, disputada en Inglaterra, se amplió a 16 equipos divididos en cuatro grupos. Decepcionante en el plano deportivo (con un promedio goleador de apenas 2,06 goles por partido), la Eurocopa inglesa pasaría a la historia por ser la primera cuya final se decidiera por el llamado "gol de oro", que otorga la victoria al primer equipo que consigue marcar en la prórroga (en este caso la selección de Alemania, que con su triunfo se proclamaba tricampeona de Europa). En el plano extradeportivo, destacó positivamente la ausencia de incidentes graves entre los aficionados, la gran preocupación de los organizadores dados los violentos precedentes de los hooligans ingleses.

Sin desplegar un juego brillante, Alemania se mostró durante todo el torneo como un bloque sólido en defensa (apenas tres goles encajados en seis partidos) y bien conjuntado en el resto de líneas, gracias a la experiencia de jugadores como Matthias Sammer, Thomas Häßler, Andreas Möller y Jürgen Klinsmann. Pero sin duda el hombre más decisivo en la final fue Oliver Bierhoff: el atacante alemán entró en el terreno de juego mediada la segunda mitad, y apenas cuatro minutos después lograba el tanto del empate para Alemania. Ya en la prórroga, a los cinco minutos, Bierhoff lograba el gol más importante de su vida, el "gol de oro" que daba la victoria a su selección.

Pese a caer derrotada en la final, la República Checa fue la gran revelación del torneo. Tras dejar atrás a selecciones de la talla de Italia, Portugal y Francia, la joven selección checa no pudo con la mayor experiencia de los alemanes en este tipo de partidos.

 

BÉLGICA-HOLANDA 2000

Por primera vez en la historia de la Eurocopa, dos países organizaban de forma conjunta la competición. Los partidos de la fase final se repartieron por igual entre Bélgica y Holanda.

La final enfrentó a Francia, vigente campeona mundial, con Italia, que se había clasificado con más pena que gloria tras eliminar por penaltis a Holanda en semifinales, en un partido increíble de contención en el que los transalpinos jugaron desde el minuto 34 con un hombre menos y los holandeses fallaron hasta dos penas máximas antes de llegarse a la prórroga. La suerte pareció cambiar para Italia en la final, ya que en el minuto 90 iban ganando por 1-0 a Francia. La selección gala estuvo a punto de pagar muy caro el planteamiento excesivamente temeroso de su entrenador, Roger Lemerre, pendiente más de no encajar un gol que de marcarlo, muy lejos del estilo habitual francés, y acabó por no saber responder cuando se vio por debajo en el marcador. Pero en el tiempo de prolongación, cuando el triunfo italiano parecía más cercano que justo por el desarrollo del partido, Wiltord, que había entrado en la segunda mitad, consiguió empatar el partido. Ya en la prórroga, otro suplente, David Trézéguet, daba la victoria a la Tricolor con un "gol de oro" (segunda vez consecutiva que la final de la Eurocopa se decidía mediante este sistema.

 

PORTUGAL 2004

Sin duda, el Campeonato de Europa celebrado en tierras lusas será recordado por la enorme sorpresa que supuso la victoria final de Grecia, equipo que no entraba en ninguna de las apuestas por el vencedor final. Algunos de los favoritos a priori (España, Italia, Alemania) no llegaron a superar la fase previa, mientras que los equipos que en opinión de muchos mejor juego desarrollaron a lo largo de la competición (República Checa y Holanda) cayeron en semifinales. Como colofón, Grecia logró derrotar en la final a la mismísima selección anfitriona, Portugal.

Pese a no practicar un fútbol brillante y de gran calidad, el éxito de la selección griega hay que buscarlo en el sólido juego colectivo que supo inculcar el entrenador alemán Otto Rehhagel. Los jugadores de Grecia, aunque no destacaban por su calidad, supieron formar un bloque sin fisuras que se mostró insuperable para todos sus rivales. Su victoria en el partido inaugural frente a Portugal, que para muchos fue una sorpresa "accidental", se convirtió en realidad en una tónica de lo que sería el resto de su participación en la Eurocopa: férreos marcajes defensivos, orden y conjunción en todas sus líneas y aprovechamiento máximo de las oportunidades de gol. El estilo de fútbol que practicó Grecia sirvió para reabrir la polémica entre los defensores y detractores de este tipo de juego defensivo, variante del catenaccio que tantos éxitos proporcionó anteriormente al fútbol italiano.

Si Grecia fue la cara de Portugal 2004, la cruz fue sin duda la República Checa. La brillante generación de jugadores encabezada por Pavel Nedvěd desarrolló el mejor juego del campeonato hasta llegar a semifinales, ganando todos sus partidos y exhibiendo un fútbol de gran calidad (sobre todo en su victoria frente a Holanda, en uno de los mejores partidos del campeonato). Sin embargo, los checos se vieron incapaces de contrarrestar el sólido juego defensivo de Grecia, que no perdonó en una de sus escasas oportunidades y se clasificó para la final.

Como en ediciones anteriores, Portugal 2004 sirvió como escaparate para nuevas estrellas del firmamento futbolístico, como el inglés Wayne Rooney (pichichi del campeonato) o el checo Milan Baroš.

 

AUSTRIA-SUIZA 2008

Cuarenta y cuatro años después, España volvió a conquistar la Eurocopa, y de paso reivindicó el buen juego como forma de lograr títulos. Si bien “La Roja” siempre ha contado con jugadores de calidad, en esta ocasión los hombres de Luis Aragonés mostraron además una gran fortaleza anímica y la determinación necesaria para vencer los complejos atávicos de España en la alta competición y conquistar la Eurocopa. Mucho se habló durante las fechas previas al torneo de la ausencia de Raúl en la selección nacional, pero finalmente Luis Aragonés decidió apostar por el bloque en lugar de los jugadores talismán y la jugada le salió bien.

La Eurocopa organizada conjuntamente por Austria y Suiza fue una de las mejores de los últimos años, con excelentes partidos (en particular el Holanda-Italia y el Holanda-Rusia), grandes dosis de emoción y el mejor equipo del torneo como justo campeón final. La competición dejó algunos grandes momentos de fútbol, como los protagonizados por Holanda durante la fase de clasificación (con sonadas victorias ante Italia y Francia), el renacer de Russia tras un mal comienzo de torneo (de la mano de su estrella Arshavin) y sobre todo las increíbles remontadas protagonizadas por una Turquía todo corazón y determinación. En el plano individual, la Eurocopa dejó las actuaciones descollantes del ruso Roman Pavljuchenko (increíble rapidez y coordinación para un delantero de su estatura), el también ruso Andrej Arshavin (que no pudo participar en los primeros partidos por culpa de una sanción) y el español David Villa (máximo goleador del torneo, pese a no poder disputar la final por una lesión sufrida en la semifinal). En general, todos los jugadores de la selección española rayaron a gran altura, por lo que es difícil destacar a uno en particular, aunque si hubiera que hacerlo éste sería Xavi Hernández (elegido mejor jugador del torneo), auténtico catalizador del juego de España, con una gran visión de juego y una amplia gama de inteligentes pases. En el bando de las grandes decepciones, hay que mencionar a Luca Toni (que apenas tuvo participación en ninguno de los partidos que disputó), Cristiano Ronaldo (que volvió a bajar su rendimiento en las citas importantes, como ocurriera anteriormente en la final de la Liga de Campeones) y la selección francesa (que sufrió las consecuencias del relevo generacional). En el caso de Grecia, vigente campeona del torneo, no sorprendió tanto su eliminación temprana como su inesperado éxito de hace cuatro años gracias al mismo juego mezquino y ultradefensivo que en esta ocasión obtuvo su justa recompensa.

Otra de las notas que dejó la Eurocopa fue la confirmación de que Alemania, sea cual sea la calidad de sus jugadores, es una de las selecciones más competitivas del mundo. Pese a no contar desde hace ya mucho tiempo con jugadores de clase mundial, los teutones volvieron a llegar a una final más por el peso histórico de su camiseta que por su buen juego, aunque hay que reconocer su combatividad y fuerza de voluntad en los partidos decisivos.

 

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