Alfabeto
Fonético Internacional
ESQUEMA
1.
Introducción
5.
El AFI como alfabeto universal
El Alfabeto Fonético Internacional
(abreviado AFI o IPA, singlas inglesas de International Phonetic
Alphabet) es un conjunto de símbolos y signos diacríticos creados por
la Asociación Fonética Internacional para representar los sonidos de
las lenguas del mundo que tienen carácter distintivo (los llamados fonemas),
es decir, aquéllos que sirven para distinguir una palabra de otra dentro de
un mismo contexto; por ejemplo, se dice que /p/ es un fonema del español porque
distingue pata de bata.
Los fonemas —representados entre
barras— se distinguen de los sonidos o alófonos —representados entre
corchetes—, ya que los segundos son las distintas realizaciones materiales de
los primeros en el habla. Por ejemplo, el fonema /b/ posee dos alófonos en
español dependientes del contexto fonético: uno oclusivo [b] tras pausa o
consonante nasal (como en bomba) y otro fricativo [β] en
el resto de contextos (como en alcoba). No obstante, el concepto
de “rasgo distintivo” que caracteriza a los fonemas empieza a difuminarse
cuando se extiende a las diferentes lenguas que se hablan en el mundo, ya que
lo que en una son unidades fonológicas independientes capaces de diferenciar
significados en otras no pasan de ser meras variantes articulatorias de un
mismo fonema (por ejemplo, en islandés no
existen los fonemas /b/, /d/ y /g/, ni tan siquiera como variantes
articulatorias).
El repertorio de símbolos AFI
empleados en la descripción fonética de las lenguas del mundo incluidas en esta
clasificación está basado en una mezcla de criterios fonológicos (fonemas) y
fonéticos (sonidos). En general, lo que se está describiendo en cada lengua
particular es su inventario de fonemas, aunque en determinadas ocasiones se
pueda hacer referencia igualmente a sus alófonos siempre y cuando sea
pertinente. A pesar de esto, se utiliza siempre los corchetes porque se está
indicando los sonidos concretos de las palabras.
Por sus características
articulatorias, los sonidos se dividen en dos clases: consonantes (que
implican una mayor o menor constricción en el paso de la corriente de aire por
el aparato fonador) y vocales (en cuya producción el aire procedente de
los pulmones encuentra vía libre). Un par de sonidos, [w] y [j], se denominan semivocales
(o semiconsonantes) porque, aunque se articulan de forma similar a los
vocales, se asemejan a los consonantes en que no pueden formar un núcleo
silábico por sí mismos; por ejemplo, los sonidos correspondientes a las
siguientes vocales subrayadas: cuatro, Europa, pasión
o aire.
En fonética, suelen representarse
mediante la siguiente tabla articulatoria (a la que se han añadido algunos
símbolos adicionales no recogidos en la última versión revisada del AFI):
|
LUGAR DE ARTICULACIÓN |
LABIAL |
CORONAL |
DORSAL |
RADICAL |
|
||||||||
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bilabial |
labio-dental |
dental |
alveolar |
post-alveolar |
retroflejo |
palatal |
velar |
uvular |
faríngeo |
epiglotal |
glotal |
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MODO DE ARTICULACIÓN |
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oclusivo |
p b |
p̪ b̪ |
|
t d |
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ʈ ɖ |
c ɟ |
k ɡ |
q ɢ |
|
ʡ |
ʔ |
|
|
fricativo |
ɸ β |
f v |
θ ð |
s z |
ʃ
ʒ |
ʂ
ʐ |
ç ʝ |
x ɣ |
χ ʁ |
ħ ʕ |
ʜ ʢ |
h ɦ |
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africado |
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|
ʧ
ʤ |
|
|
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nasal |
m |
ɱ |
|
n |
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ɳ |
ɲ |
ŋ |
ɴ |
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vibrante múltiple |
ʙ |
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r |
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ʀ |
|
я |
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vibrante simple |
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|
ɾ |
|
ɽ |
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|
ʡ̯ |
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aproximante |
w |
ʋ |
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ɹ |
|
ɻ |
j |
ɰ |
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lateral aproximante |
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l |
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ɭ |
ʎ |
ʟ |
|
|
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|
lateral fricativo |
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ɬ ɮ |
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|
lateral vibrante simple |
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ɺ |
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|
ʎ̯ |
ʟ̆ |
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oclusivo eyectivo |
p' |
|
|
t' |
|
ʈ' |
c' |
k' |
q' |
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|
fricativo eyectivo |
|
|
|
s' |
|
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|
|
|
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oclusivo implosivo |
ƥ ɓ |
|
|
ƭ ɗ |
|
|
ƈ ʄ |
ƙ ɠ |
ʠ ʛ |
|
|
|
|
|
click |
ʘ |
|
|
ǀ |
ǁ |
ǃ |
ǂ |
|
|
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|
Los sonidos consonantes se clasifican
siguiendo dos coordenadas fonéticas: según su lugar de articulación o
parte del aparato fonador en el que se generan (bilabiales, dentales,
alveolares, velares, etc.), y según su modo de articulación o posición
característica de los órganos articulatorios durante su producción (oclusivos,
fricativos, nasales, etc.). Por otro lado, algunos de ellos se agrupan por
parejas según un rasgo acústico llamado sonoridad: las consonantes sonoras
son aquéllas en las que las cuerdas vocales vibran durante su producción,
mientras que en las sordas esta vibración no se produce. En general, se
representan las primeras en la parte derecha de cada casilla, y las segundas en
la izquierda. El sonido [w] aparece clasificado como bilabial aproximante, ya
que para su producción hay que redondear los labios, aunque también es posible
su inclusión como velar aproximante, dado que la lengua se acerca a la vez al
velo del paladar.
Modo de articulación
En las consonantes oclusivas,
la corriente de aire proveniente de los pulmones es retenida en la cavidad
bucal durante unas milésimas de segundo y liberada súbitamente (ej.: pato,
toro, casa). Las consonantes fricativas
suponen un estrechamiento en una determinada zona de la cavidad bucal, de forma
que el aire sale produciendo una fricción (ej.: fuerza, sopa,
jarrón). Los dos sonidos consonantes africados están en
realidad formados por la composición de uno oclusivo y su correspondiente
fricativo (sordo con sordo y sonoro con sonoro), aunque su presencia como
fonemas en muchas lenguas del mundo justifica su inclusión como categoría
aparte (ej.: chalado frente a salado, yate
frente a cate).
En las consonantes nasales, el
velo del paladar permanece bajado sin obstruir la cavidad nasal, de forma que
el aire sale a la vez por la boca y por la nariz (ej.: miedo, nota,
baño).
Las consonantes vibrantes
múltiples se caracterizan porque la corriente de aire hace que los órganos
articulatorios —especialmente la lengua— vibren rápida y repetidamente (ej.: rojo).
La diferencia entre el sonido vibrante múltiple de la r del español y el
correspondiente a muchas otras lenguas (como el inglés) no es de carácter
articulatorio, sino que se basa en la mayor tensión con que se produce el primero
con respecto al segundo. Las vibrantes simples se articulan como las
anteriores, aunque en este caso se produce una sola vibración (ej.: cara).
Siguiendo convenciones fonéticas universales, en el caso de muchas lenguas se
emplea el símbolo único [r] para hacer referencia tanto al sonido vibrante
múltiple propiamente dicho [r] como a su correlato simple [ɾ], ya que se considera que ambos son variantes alofónicas de
un mismo fonema /r/. En el caso particular del español, el segundo presenta una
menor tensión articulatoria y se suele emplear entre sonidos sonoros o en final
de sílaba.
Las aproximantes se producen
acercando mutuamente dos órganos articuladores, aunque, a diferencia de las
fricativas, sin llegar a obstruir la corriente de aire, que sale por un único
punto central (ej.: inglés you, work). Las laterales
aproximantes se articulan como las fricativas, aunque en este caso el aire
fluye por los bordes laterales de la lengua (ej.: loro, calle).
Las laterales fricativas suponen además un contacto entre la lengua y
los dientes laterales que produce una fricción en la salida del aire (ej.:
galés llew ‘león’). Las laterales vibrantes simples son
sonidos similares a las laterales fricativas sonoras, aunque se articulan con
una sola vibración.
En conjunto, las consonantes
vibrantes y las laterales se denominan líquidas.
Las oclusivas eyectivas se
articulan comprimiendo el aire de los pulmones por debajo de la glotis y
expulsándolo repentinamente mediante un movimiento propulsor de la faringe,
como si ésta fuera un pistón (ej.: hausa kaasuwaa ‘mercado’). Las
oclusivas implosivas se producen mediante el mismo mecanismo glotal que
las anteriores, aunque en este caso la dirección del aire es hacia el interior,
mediante un movimiento hacia abajo de la laringe que absorbe el aire retenido
(ej.: sindí diaha ‘diez’).
Lugar de articulación
Los sonidos consonantes bilabiales
se producen juntando los labios superior e inferior (ej.: puerta,
mano). En los labiodentales, los órganos articuladores que
entran en contacto son los incisivos superiores y el labio inferior (ej.: fama).
En los sonidos dentales, la
punta de la lengua se halla entre ambas filas de dientes (ej.: zapato,
cada). Para la articulación de los alveolares, la lengua
entra en contacto —o se aproxima— con los alveolos superiores (ej.: dolor,
sopa). En los postalveolares, la lengua toca la parte
posterior de los alveolos próxima al paladar (ej.: chaval, inglés
shame). Aunque el grueso de estos tres grupos de sonidos dento-alveolares
aparecen representados en la posición central alveolar, su lugar específico de
articulación dependerá de las características de cada lengua. Los sonidos retroflejos
se caracterizan porque la punta de la lengua se dobla ligeramente hacia atrás
cuando entra en contacto con los alveolos (ej.: inglés americano rain,
hindí beta ’hijo’).
Los sonidos palatales se
producen al contactar la lengua con el paladar (ej.: España,
alemán Ich). En el caso de los velares, la parte de la
lengua que interviene en su producción se halla en la región de la boca
correspondiente al velo del paladar (ej.: gato, coche).
Los uvulares se articulan en una posición aún más atrasada que los
anteriores, en la úvula (ej.: francés rouge).
En los sonidos faríngeos, los
órganos articuladores implicados son la raíz de la lengua y la pared posterior
de la faringe (ej.: el sonido indicado por el apóstrofo en árabe, como en mu‘allimina
‘maestros’).
Por último, las consonantes glotales
se producen en la glotis o parte anterior de la laringe (ej.: inglés hard).
La siguiente tabla articulatoria
sirve para ilustrarlos:
|
FRONTALIDAD |
anterior |
central |
posterior |
|
ALTURA |
|||
|
alto |
i / y ɪ / ʏ |
ɨ / ʉ |
ɯ / u ʊ |
|
medio-alto |
e / ø |
ɘ / ɵ |
ɤ / o |
|
medio |
|
ə |
|
|
medio-bajo |
ɛ / œ |
ɜ / ɞ |
ʌ / ɔ |
|
bajo |
æ a / ɶ |
ɐ |
ɑ / ɒ |
Los símbolos vocálicos que aparecen
agrupados en parejas y separados por una barra indican que el de la derecha representa
el correlato redondeado del de la izquierda, para cuya articulación los labios
adoptan esta misma forma. A pesar de su posición en este cuadro, los sonidos
[æ], [a] y [ɶ] suelen considerarse centrales en
muchas lenguas. Por otro lado, no hay que confundir el símbolo vocálico [ø] con [Ø], que representa simplemente la ausencia de un
determinado sonido.
Para indicar que una vocal es larga,
se usa en fonética el símbolo (ː) tras ella. Esto quiere decir que su
longitud es superior a la normal, aproximadamente el doble (por ejemplo, [eː] equivale a pronunciar dos “es” seguidas). En menor medida se usa este
mismo símbolo para representar consonantes dobles.
Es práctica corriente en las
transcripciones fonéticas indicar la sílaba tónica en todas aquellas palabras
formadas por dos o más sílabas, para lo cual se emplea un apóstrofo (') delante
de la misma (otro método consiste en colocar una tilde encima de la vocal). De
esta forma, la representación de coche sería ['koʧe] (o [kóʧe]).
Secundariamente, los sonidos se
pueden articular con ciertas variaciones sobre el modelo básico, lo cual se
representa mediante distintos símbolos diacríticos añadidos. El
diacrítico [ʲ] sirve para marcar los sonidos
consonantes palatalizados, que se producen únicamente delante de las
vocales palatales [i] y [e] y se articulan como los correspondientes no
palatalizados pero con la parte delantera de la lengua en contacto con el
paladar (ej., [bʲ] y [dʲ]). El diacrítico [ʷ] señala labialización
de un sonido, lo que se consigue redondeando los labios a la vez que se
articula (ej., [kʷ] y [ɡʷ]). El
diacrítico [ʰ] indica aspiración, fenómeno que representa la
expulsión de una cantidad extra de aire acompañando a los sonidos (como en
inglés pain [pʰeɪn]). El
diacrítico [ ̥ ] se añade
debajo de algunas consonantes sonoras para indicar que se articulan con ensordecimiento,
es decir, sin vibración de las cuerdas vocales (ej., [n̥] y [d̥]). El
diacrítico [˜] indica nasalización, para lo cual el velo del paladar
desciende durante la articulación de un sonido y permite que la corriente de
aire salga también por la cavidad nasal (ej., [õ] y [ã]). El diacrítico [ ̩ ] se añade debajo de algunas
consonantes nasales y líquidas para indicar silabicidad, es decir,
aquellos casos en los que actúan como núcleo silábico, función propia de las
vocales (como por ejemplo el sonido [l] en el inglés castle [kɑsl̩]). Algunos sonidos (en particular
[l]), se marcan mediante el diacrítico [~] para señalar que su articulación se
produce con un grado de velarización, para lo cual la parte posterior de
la lengua se aproxima al velo del paladar (como la l del catalán, o en
inglés hill [hɪɫ]).
El AFI como alfabeto
universal
Visto lo anterior, resulta evidente la
utilidad de este repertorio limitado de fonemas a la hora de describir las
diferentes lenguas del mundo. Pero va mucho más allá: superando las fronteras
lingüísticas y culturales que suponen la infinidad de alfabetos ortográficos
existentes en la actualidad, el AFI se presenta como una forma unívoca, clara y
universal de representar todos los idiomas conocidos y estudiados y de
comprender su evolución e interrelaciones. A lo largo de la historia, el hombre
ha buscado denodadamente la llamada lengua perfecta, aquélla que pudiera
servir como medio de comunicación universal. Todos sus intentos fracasaron por
tomar como punto de partida una determinada variedad, cuya gramática
supuestamente explicaría la de las demás. El AFI no parte de ningún supuesto de
base, simplemente describe los sonidos de las lenguas, y esto hace que sea la
mejor herramienta posible para aproximarse a un idioma desconocido.
Dentro del ámbito
hispano, el AFI resulta de fundamental importancia a la hora de adaptar a la
lengua topónimos y nombres propios. En la actualidad, se combinan criterios
fonológicos y ortográficos sin regularidad aparente. Por ejemplo, el nombre
adaptado de la ciudad belga Brujas (flamenco Brugge) sigue un
esquema claramente fonético, ya que intenta reproducir la pronunciación
original ['bruxə] y, por etimología popular, se asimila al nombre de las brujas
(sin relación alguna con la ciudad). Por contra, otras conservan la forma
original, aun a costa de representar una pronunciación errónea (p. ej. Sarajevo,
en donde la j corresponde a la semivocal [j] en serbocroata, y no a la
velar [x] del español). En algunos casos, estos nombres propios se introducen a
través de otra lengua intermediaria como ocurre con Francfort (Frankfurt),
procedente del francés, o Danzig (Gdańsk), del alemán. Son
cuestionables las ortografías de nombres extranjeros adaptadas a otras lenguas,
como ocurre en el caso del genial escritor ruso Pushkin (ya que el
español no emplea el grupo sh para representar el sonido palatal [ʃ]). En todos estos casos, el AFI representa un punto de
referencia ineludible por el que ha de pasar cualquier criterio de adaptación
de palabras extranjeras al español.
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